Evangelion: El dilema de Shinji
En Ikari Shinji, el joven protagonista de la gran serie anime Neon Genesis Evangelion se exponen sabiamente, por obra de la intuición genial de Hideki Anno, los dilemas y contradicciones del ser humano en la modernidad. Todo lo que nos lego un gigante del pensamiento como Jean Paul Sartre, se encarna en el talante tímido, dubitativo y sin embargo irrenunciable, de Shinji en su caótica circunstancia de vida en la que todo se juega literalmente su ser. Puesto que en efecto, si recordamos los planteamientos de Neon Genesis Evangelion en su trama general veremos que nos habla acerca de un universo humano despechado por su creador, un mundo desarraigado, desamparado; el propio Dios niega al hombre y busca exterminarlo, quitándole lo que le es más precioso y necesario: su fundamento.

Para Jean Paul Sartre “la existencia precede a la esencia”. Esto quiere decir que el hombre es el único ser del cual nada está dicho de por sí; ni siquiera que es hombre, sino que él mismo está obligado a existir por su propia cuenta, sin justificación alguna, primero; para luego decir de sí y de lo que lo rodea, todo lo necesario para ser de verdad. El hombre empieza por no ser nada, por carecer de esencia, de “naturaleza“, de concepción de parte de un ser superior. Si Dios no existe, o si Dios niega al hombre como en Evangelion, el hombre se convierte en un caso que probaría que la existencia esta antes que la esencia, y que, por tanto, el ser humano no posee “más” que su existencia. Shinji no es más de lo que puede ser: su madre Yui lo ha abandonado al morir y ser asimilada al Eva 01; su padre Gendo lo utiliza para sus propios fines aparte de que le escatima y condiciona su estimación; sus amigos le aceptan o le rechazan siempre de una manera en la cual el no desea cabalmente: Shinji está sólo entonces, y su existencia de dolor, soledad e incomprensión, la misma de todos los humanos, no puede sino resolverse en su esencia particular: ser el salvador obligado del mundo que lo aísla. Sartre opina que el hombre está verdaderamente vacío de sentido, que el hombre “empieza por existir, se encuentra, surge en el mundo, y después se define”. No hay nada detrás del hombre, y así el hombre no responde, en principio, a nada. Pero en esa nada, en la soledad del interior de la madre, del Eva 01, en el vacío del Mar de Dirac, en su aislamiento interior, Shinji encontrará una cierta libertad. Sartre también habla de la libertad. Una singular libertad en la que es ahora el propio hombre, el que inventa su propia representación de hombre.
¿Dónde está el sentido de la existencia, entonces, si nada hay detrás del ser humano, si la humanidad ha perdido el apego de su creador y busca ser borrada de la faz de la tierra por extraños ángeles de grotesca otredad?
Sartre, y esto Hideki Anno bien parece expresarlo en el final de la cinta The End of Evangelion, ve la máxima esperanza de lo humano, en la virginidad de sentidos previa a la absoluta posibilidad de creación: la quietud de restos angelicales reposando eternidades, en los silenciosos rumores del mar metálico de LCL. Shinji ha sido derrotado por los Eva en serie, pero ha vencido en el fondo al unirse edípicamente, en un rompimiento con el tabu-exigencia paterna con Rei la diosa hermana- madre. Ahora ha convulsionado el universo entero y flota en el espacio dentro de su Eva 01, soñándo(se) realidades. Allí justamente Sartre expone: ¿Es que no hay mayor libertad para el hombre que saber que el sentido de su existencia puede ser construido por él, con exclusividad por él, y que no es esclavo de ninguna predestinación por parte de un creador abstracto, más grande y más poderoso que el propio hombre?

Sartre se entusiasma ante la idea de que el hombre pueda ser, lo que el hombre proyecte ser, ya que es el único que está en escena, y por lo tanto el único que puede llenar su propio vacío de sentidos. Shinji en su aislamiento particular, en su épico sacrificio, descubre en sí mismo como humano la posibilidad permanente de proyectar, con libertad total, cada instante de su existencia. Ya sea como un paraíso escolar de fan service y sonrisas; ya como un nuevo a Adán al lado de su Asuka, su Eva particular en un Paraiso surrealista y germinal; ya sea rememorando eternamente su batalla infructuosa contra los ángeles y Kaworu, tan odiados y amados por él, puesto que poseen ese fundamento divino, esa trascendencia que ya nunca será para los hombres sino tan sólo por los hombres. Shinji no es más que su dilema: es el responsable de la existencia del mundo post apocalíptico, está condenado a ser por todos, enclaustrado en lo más profundo de su mundo interior, de su Eva 01, de su capullo-cautiverio de libertad sin final. Ser su propia esperanza, por siempre. Ser condenado. Ser Shinji.



